Todas las lanchas a motor deben tener seguro; de hecho navegar sin seguro obligatorio puede acarrear una multa. Incluso en los puertos deportivos suelen exigir esto para permitir que los barcos permanezcan o entren en sus instalaciones. Si ocurre un accidente y no hay seguro, además de ser multado, el armador y el capitán del barco son responsables de compensar los daños y actuar como garantía para cobrar el dinero.